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Raíces que rompen el paradigma de la profundidad

En casi el 20 % de los sitios estudiados se detectó un segundo pico máximo de biomasa, con frecuencia por debajo de 1 m

El dogma clásico indica que la biomasa radicular disminuye de forma exponencial con la profundidad. Sin embargo, los autores de un estudio publicado en Nature Communications (2025) descartaron la idea clásica de que la abundancia de raíces finas decrece de forma exponencial y uniforme con la profundidad.

Se analizó el conjunto de datos más profundo y homogéneo disponible sobre raíces finas (≤ 2 m de profundidad) recolectado por la red estadounidense NEON (National Ecological Observatory Network) en 44 ecosistemas que abarcaron desde la tundra de Alaska hasta los bosques tropicales de Puerto Rico.

En casi el 20 % de los sitios se detectó bimodalidad radical. Además del pico superficial habitual, apareció un segundo pico máximo de biomasa, con frecuencia por debajo de 1 m, que la mayoría de los muestreos convencionales, a 30 cm, pasan por alto.

La bimodalidad fue más común en matorrales que en pastizales y se asoció a parcelas con poca biomasa radical total, lo que sugiere que especies o condiciones que limitan el desarrollo de raíces en superficie hacen que las plantas exploren capas profundas.

El segundo pico coincidió sistemáticamente con horizontes ricos en nitrógeno (N) inorgánico. Dos mecanismos no excluyentes podrían explicarlo: una concentración elevada de nitrógeno a profundidad actuaría como estímulo directo para la proliferación de raíces finas y/o las raíces que buscan agua en profundidad depositan carbono radicular y su descomposición local libera nitrógeno y genera el sustrato nutritivo observado. La baja resolución de sensores de humedad impidió confirmar completamente esta segunda vía.

En sitios unimodales, los nutrientes se vuelven relativamente más abundantes con la profundidad porque las raíces disminuyen más rápido que el contenido de N, P, K y Ca. Esto indica que los recursos subterráneos están subexplotados. Sin embargo, la bimodalidad altera ese patrón: allí donde surge el segundo pico, la relación nutriente/biomasa se reduce y apunta a un uso activo de reservorios profundos.

El hallazgo cuestiona los modelos de vegetación que ignoran la dinámica profunda. Si las plantas pueden enviar más carbono hacia raíces profundas, en respuesta al aumento de CO₂ en la atmósfera o a la falta de agua en superficie, entonces podrían acceder a nutrientes que les permitan mantener su crecimiento y fijación de carbono a largo plazo.

Al mismo tiempo, la actividad en profundidad puede modificar el balance de carbono del subsuelo, sumando carbono nuevo a capas profunda, pero también activando la descomposición de carbono antiguo allí presente, a través del efecto conocido como priming.

📌 Según los autores, para captar adecuadamente la economía de nutrientes y las respuestas de la biosfera al cambio global, los muestreos y experimentos deberían profundizar más allá del metro de suelo e incorporar explícitamente la posibilidad de sistemas radicales bimodales en sus diseños y modelos.

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