Composición del microbioma ocular y estrategias terapéuticas
El microbioma ocular es una diana terapéutica emergente
Durante mucho tiempo se pensó que la superficie ocular era estéril, pero investigaciones recientes han demostrado la presencia de una microbiota ocular residente. Por otra parte, la superficie ocular no es homogénea, sino que presenta muchos microhábitats con características únicas y comunidades microbianas distintivas.
Una revisión realizada por investigadores de la Medical University of Warsaw, Polonia, y publicada en Microorganisms (2024), recopila el conocimiento actual sobre la microbiota ocular humana, es decir, el conjunto de microorganismos (bacterias, virus, hongos y arqueas) que viven en la superficie del ojo en condiciones saludables y patológicas. El trabajo también destaca los avances en las metodologías de investigación de la microbiota, discute los factores que influyen en su composición y presenta las posibles estrategias terapéuticas.
Aunque su densidad es mucho menor que en otras mucosas, aproximadamente 150 veces menos que en la piel de la cara o la mucosa de las mejillas, la evidencia muestra que los microbios del ojo participan en el mantenimiento de la homeostasis ocular, y que la disbiosis se asocia a patologías como blefaritis, queratitis, conjuntivitis y síndrome del ojo seco. Sin embargo, algunas enfermedades oculares son una consecuencia de la disbiosis de la microflora intestinal, lo que proporciona evidencia de la existencia del eje intestino-ojo.
Las técnicas usadas para estudiar el microbioma ocular incluyen el cultivo clásico, la secuenciación de 16s rRNA y los métodos de secuenciación shotgun del genoma completo. Se han descripto dos comunidades no sinónimas basadas en los métodos señalados: el microbioma ocular y la microbiota ocular. El concepto de microbioma se refiere al conjunto de genes microbianos presentes en un entorno, mientras que microbiota describe a los organismos vivos que lo habitan.
Los estudios muestran que la microbiota ocular incluye sobre todo bacterias Gram positivas de los géneros Corynebacterium, Staphylococcus, Streptococcus y Propionibacterium, y bacterias Gram negativas de los géneros Pseudomonas, Acinetobacter y Enhydrobacter. También se ha detectado algún virus, como el TTV (Torque Teno Virus), y los hongos Malassezia y Rhodotorula. El uso de lentes de contacto, la edad, el sexo y tratamientos tópicos (lágrimas artificiales, antibióticos, colirios para glaucoma) modifican de forma significativa la composición del microbioma ocular.
La disbiosis ocular puede ser causa o consecuencia de enfermedades de la superficie ocular. En la blefaritis hay aumento de Staphylococcus y Corynebacterium y descenso de Propionibacterium. Cuando ocurre una disfunción de las glándulas de Meibomio se han observado cambios progresivos en Staphylococcus y Propionibacterium acnes según la severidad. El síndrome del ojo seco produce pérdida de la diversidad bacteriana y un incremento de Gram positivos, incluyendo S. aureus.
Otras afecciones que presentan alteración de la microbiota son la queratosis infecciosa, donde aparece sobrecrecimiento de Pseudomonas y Acinetobacter; la conjuntivitis alérgica, con pérdida de diversidad microbiana; y el trachoma, que lleva a la disminución de la diversidad con aumento de Corynebacterium y Streptococcus.
Un hallazgo clave es la conexión con el eje intestino-ojo. Los cambios en la microbiota intestinal pueden modular la inflamación ocular en patologías como síndrome de Sjögren, uveítis y la degeneración macular asociada a la edad.
El sistema inmune de la superficie ocular mantiene un delicado equilibrio entre la tolerancia hacia los comensales, y la reacción ante patógenos. El ojo tolera la presencia constante de bacterias, algunos hongos y virus sin generar una respuesta inmunitaria dañina o persistente, clave para la homeostasis. Cuando la carga microbiana crece, hay disbiosis o se rompe la barrera epitelial, sí puede activarse una respuesta fuerte, con inflamación y daño. Los receptores TLR-2 y TLR-4, por ejemplo, no están activos en la superficie de las células, como en otras mucosas, sino que se mantienen dentro de las células, reduciendo la posibilidad de activar una respuesta inflamatoria al primer contacto con bacterias normales del ojo y evitando la inflamación crónica.
Los autores destacan las nuevas líneas de investigación en terapias dirigidas al microbioma: probióticos orales y tópicos, ensayados en el síndrome del ojo seco; prebióticos y simbióticos en combinaciones que modulan la microbiota y reducen la inflamación ocular; transplante de microbiota fecal, una posibilidad a explorar en patologías asociadas al eje intestino-ojo; y nanoterapias antioxidantes y antiinflamatorias, que en el contexto ocular ofrecen mayor absorción que las presentaciones convencionales.
Un punto importante para considerar es que se necesitan protocolos estándar en métodos de muestreo y análisis para definir el núcleo de la microbiota ocular.
Este trabajo observa que el microbioma ocular es más que un actor pasivo: es parte activa de la inmunidad local y sistémica, y una diana terapéutica emergente. Es un campo de investigación que conecta microbiología, inmunología y oftalmología con impacto potencial en diagnóstico, prevención y tratamiento de múltiples enfermedades oculares y sistémicas.