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Los anticuerpos contra el maní vienen codificados desde la línea germinal

Los anticuerpos IgG convergentes dirigidos a Ara H 2 son comunes en la población

La inmunoglobulina G, conocida como IgG, es una de las clases de anticuerpos que desarrollan los seres humanos sanos contra los alimentos que consumen. En el caso de las alergias alimentarias, esos anticuerpos IgG específicos para un alérgeno pueden transformarse en otro tipo de anticuerpo, la inmunoglobulina E (IgE), que es la responsable de las reacciones alérgicas. Sin embargo, hasta ahora no se comprendía bien por qué ciertas proteínas de los alimentos tienen la capacidad de generar estas respuestas inmunológicas. El estudio de Marini‑Rapoport y col., publicado Sci. Transl. Med. (2025) aborda esta cuestión al demostrar que el reconocimiento por parte de IgG hacia el maní está programado desde la línea germinal del repertorio de anticuerpos.

El equipo identificó anticuerpos convergentes que, aunque provienen de distintos reordenamientos de los genes de anticuerpos, terminan siendo muy similares entre sí y pueden unirse al mismo objetivo. En este caso, todos reconocen a la proteína Ara h 2, el alérgeno principal del maní. Además, estudiaron las limitaciones impuestas por los alelos de los genes y por la forma en que las secuencias de anticuerpos se ensamblan durante su desarrollo, demostrando que la capacidad de reconocer este alérgeno está, en parte, programada desde el repertorio genético heredado.

A nivel estructural, comprobaron que los anticuerpos, aunque se originen de diferentes combinaciones de genes, muestran una interacción muy similar entre el epítopo del alérgeno y el parátopo del anticuerpo.

Los autores demostraron que este tipo de anticuerpos codificados en la línea germinal y dirigidos a Ara h 2 se presentan de forma muy común en la población. Esto se debe a que los genes que permiten producirlos son frecuentes en todo el mundo, a que no dependen de una variante genética específica y a que existe flexibilidad en la manera en que los fragmentos de genes se ensamblan. En consecuencia la IgG sérica dirigida a este epítopo público es prevalente tanto en cohortes de lactantes que consumen maní sin presentar alergias como en niños y adultos alérgicos.

Destacan que aunque el sistema inmunológico humano puede generar hasta un quintillón de anticuerpos diferentes resulta sorprendente encontrar anticuerpos tan similares entre sí en múltiples pacientes. El equipo desarrolló un nuevo ensayo basado en sangre para detectar estos anticuerpos y comprobó que todos los pacientes alérgicos al maní los portaban. Asimismo observaron que la mayoría de los niños pequeños de entre uno a tres años que generan IgG frente a proteínas del maní también desarrollan específicamente estos anticuerpos convergentes.

En conclusión, este trabajo demuestra que el reconocimiento de antígenos alimentarios por parte de la inmunoglobulina G puede estar intrínsecamente programado por el repertorio de anticuerpos que heredamos en la línea germinal, es decir, no es solo una respuesta al azar sino una capacidad prevista en nuestra biología básica, lo cual representa un avance conceptual de gran importancia.

Este fenómeno tiene implicaciones clínicas y terapéuticas claras. Entender cómo se desarrollan y por qué algunos individuos evolucionan hacia una respuesta alérgica abre la puerta a intervenciones terapéuticas a nivel poblacional para tratar o prevenir la alergia a alimentos.